lunes, 30 de diciembre de 2013

Barbeitazo diario

Aquella Cabina

Era su refugio, su confesionario, su única forma de dar señales de vida y de sentir que estaba vivo. Yo a esas horas escribía y, de vez en cuando, miraba la plaza desde la ventana. Era una plaza muy transitada, pero sin nadie que se parara en ella para charlar, porque el tráfico no permitía pararse. Él llegaba todos los días, todos, a eso de las doce, cuando en el alma le sonaban campanas de un Ángelus de amor. Eso era lo que yo me imaginaba y eso fue lo que comprobé un día, cuando conocí a aquel hombre. Llegaba a la plaza, se dirigía a un quiosco, compraba el periódico y - después lo supe- pedía que le cambiaran mil pesetas en monedas de veinte duros. Hace cuasi veinte años que en aquella plaza se levantó para mi curiosidad diaria un acristalado secreto de amor. Un hombre que aparentaba pisar la raya de los cincuenta, argonauta urbano, llegaba con una cartera de apariencia comercial bajo el brazo, miraba a su alrededor y se metía en aquella cabina como quien entra, en la siesta de la ciudad, a una casa de citas. No era normal que pasara una hora todos los días dentro de aquella cabina; algo había al otro lado del hilo que lo amarraba como un cordaje marino. Y cuando salía de aquella cabina, el paso del hombre era otro, y otra su mirada, o al menos los gestos de su cara donde yo le imaginaba la alegría en los ojos.
El día que lo conocí, le dije que hacía mucho tiempo que lo conocía, y aunque no supiera cómo era su voz, la imaginaba adelgazándose de emociones por la línea telefónica, con tal de llegar intacta de pasión al oído que la escuchaba. "...Mi voz buscaba el viento para tocar su oído..." Me confesó su secreto de amor prohibido y lo guardé como si fuera mío.
Ayer pasé por la zona donde ya ni mi casa es ya mi casa ni la plaza tiene el trazado de entonces. El quiosco está en otro sitio; han ensanchado las aceras y han estrechado la vía. Y algo más, algo que me dolió; bajo la sombra del ficus ya no estaba la cabina que durante muchos años miré como algo sagrado, cada vez que pasaba por allí, porque yo sabía que dentro de aquel vertical sarcófago moría diariamente un amor dicho, un amor que solo vivía una hora, la hora que tardaban en caer las doradas monedas por la herida de tiempo del teléfono. Me pregunté entonces qué habría sido de aquella historia de amor telefónico de la que fui distante y sordo testigo. Desde la sombra del ficus miré toda la plaza, y a la puerta de un bar, la misma humana estampa con veinte años encima: aquel hombre hablaba por el móvil y sonreía, y se emocionaba...Quise creer que seguía dentro de aquella cabina.

                                                                                         Antonio García Barbeito (Artículo de ABC)

lunes, 23 de diciembre de 2013

Un lujo que pocos pueden permitirse

Libertad

Realmente, todo sigue igual. Sigo estando, o eso creo. A veces, me da por pasar por aquella calle, y cambiarle el nombre. Ponerle por ejemplo, libertad. 
Si alguna vez estuve cerca de ser libre, fue en esa calle. Allí olía a huellas de carreras. Olía a ropa de muchos años, en cuerpos de pocos. Aquella calle tenía las aceras gastadas, es lo que tiene que allí bailaras tú...Aquella calle tenía sin tenerlo, escrita la palabra valentía. Valentía no es la ausencia de miedo, sino la sobra de valiente. Esa calle podría tener de todo...o de nada, pero tenía libertad. Libertad sin bandera blanca. Nunca hubo bandera blanca en esa calle. Allí monté mis grandes batallas, y hasta gané una guerra. Gané una guerra sin bandera, sin más vencidos que yo. Una guerra sin retirada. Jamás me hubiese retirado de la guerra que me enfrentaba a ti. Tú eras la heroína, en todas sus acepciones, que comandaba la calle. Tu eras la reina de las aceras. Y eras el bastión de las esquinas.
Yo, sin arqueros que me cubrieran las espaldas desde las azoteas, te visitaba cada tarde. El toque de queda era a eso de las siete...y las hojas ya se habían despedido del árbol. Sin pensarlo cada día, a esa hora, me acercaba a conquistar esa calle...o a ti, que al fin de cuentas, era lo mismo.
Solía presentarme con los cordones desabrochados, por si me tocaba huir, apelar a la suerte de tropezarme y seguir allí. Mi única estrategia era vencerme cada noche. Mi fin era morir en cada metro de esa calle. Morir avanzando...y estar muerto al volver. 
Tu  fila de guerrilleros, aquellos que llamaron hoplitas, me suponían la lucha diaria. Vencer a tu primer cruce de miradas, era mi lucha imposible de cada anochecer. Llegaba sabiendo que moriría en aquella calle, y estaba muerto casi sin pisarla. Un día tras otro, y siempre el mismo pensamiento, la misma frase que una madrugada oí, resonaba en mí..."Si me muero por ti, estando muerto". 
Seguí, y sigo, visitando esa calle cada vez que el sol se esconde para dejarme, a mí, paso. A veces, pienso en él, en el sol, que deja de ser testigo de lo que ocurre en esa calle.
Como decía, seguí y sigo yendo a esa calle. Y cuando estoy allí, le cambio la nomenclatura y la llamo libertad. Libertad sin cadenas, aunque esté encadenado a ti. Libertad sin ojos que acechen, aunque muera porque los tuyos me traspasen a cada momento. Libertad de valientes, aunque no sea capaz de rebatir una sonrisa.
Pasaran los años, y seguirá en esa calle. Son solo unos minutos. Quizás jamás nadie, más que yo, sepa que cada día, a esa hora, estoy allí. Seguramente, nadie se imagine que esa calle tiene un nombre distinto cuando amanece, y otro cuando anochece. Para el resto del mundo, es la calle de alguien que murió hace mucho tiempo. Para mí, es la calle libertad, aunque es cierto, que también muero allí. Será por eso, porque jamás viví en más mundo que esa calle, por lo que hoy paso por allí. Tantas veces me mató esa calle, que hoy lleva mi nombre, el nombre de quién murió hace mucho tiempo. El nombre de quién moría conscientemente, mientras rasgaba vida estando en tu paso. Nunca me apellidé libertad, pero para mí, esa era mi libertad. Tú calle, mi calle. Mi libertad eras tú.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Sin más razón que el título

Ahora  que simplemente estoy


Ahora que lleno mi copa sin nada, que oigo en vez de escuchar, que veo en vez de mirar, que mis te quiero en el cristal se borran antes de que nadie los vea. Ahora, que tus huesos no son el verso diario de mi poema favorito. Ahora que voy por ir, y que estoy por estar. Ahora que hasta mi pasado me habla de usted, y que fulano es el mote que todos me ponen. Ahora que nadie edita mi página de Wikipedia, y que mi pistola se quedó sin soluciones. Ahora que paso las horas en el sarcófago olvidado de la exposición urbana que todos pagan, y que solo unos montan. Ahora que veo mis sueños en la almohada de otros. Ahora que simplemente estoy…

jueves, 19 de diciembre de 2013

Sin repetir

Hoy escribiré...

Hoy escribiré. Escribiré como nunca. Escribiré como siempre. Escribiré tras darme cuenta de lo difícil que es hablar. Escribiré sin escribir. Escribiré en futuro, porque quizás nunca escriba. Escribiré lo primero que se ocurra. Escribiré sin caer en canciones de cuna. Escribiré como caminan, los que caminan imaginando que están en un videoclip. Escribiré al borde de la orilla. Escribiré con los pies secos. Escribiré con miedo de lanzarme. Escribiré cuestionándome porque no me lanzo. Escribiré en la eterna duda. Escribiré pensando. Escribiré pensando en todo menos en escribir. Escribiré por ti. Escribiré pagando cuentas. Escribiré queriendo decir más de lo que digo. Escribiré diciendo más de lo que jamás he dicho. Escribiré sin tomar café. Escribiré madrugando. Escribiré sin madrugar por sellar el paro. Escribiré sin medirme la entrepierna. Escribiré imaginando bajo tu falda. Escribiré peleando con mis varios yo. Escribiré bebiendo. Escribiré con los labios sangrantes. Escribiré esperando la espera. Escribiré montando escenas. Escribiré detenido. Escribiré con la mente en gama de grises. Escribiré para ser un ser. Escribiré, escribiré, escribiré...porque sí, porque mi cerebelo me reta, porque me dice que ya es hora de que me vea. Escribiré mirando las ventanas de tu bus. Escribiré sentado, lo que en tu calle escenifiqué con imaginaciones. Escribiré queriendo a todas. Escribiré sin amar a ninguna. Escribiré con seis vidas. Escribiré con una última. Escribiré como quiera, porque es eso, hacer lo que quiera, lo que nunca puedo hacer. Escribiré ansiando libertad. Escribiré con gritos de silencio. Escribiré con mordazas de valentía. Escribiré esta noche. Escribiré como el poeta. Escribiré para que escriban. Escribiré sin versos. Escribiré con prosa. Escribiré como el poeta, pero sin ser triste en la noche. Escribiré buscando más poesía que tú. Escribiré estrellado. Escribiré sin besos que no sepan que tener a cambio. Escribiré por miradas que valen mundos. Escribiré por diarios. Escribiré por puños. Escribiré por palmas. Escribiré. Escribiré hasta que me encierren mi propio yo, para decir escribo...o escribí. Escribiré por mí.