domingo, 30 de marzo de 2014

Volvió


Aquella semana se presentaba como todas las anteriores. El fin de semana había transcurrido como una vuelta a la niñez, cambiando el ron de noche por el batido de tarde. Ya atisbaba yo que no sería una semana más…

Yo, que había vivido siempre de cuentos medio inventados, de algún que otro beso robado, y de alguna que otra mirada…que seguramente no fue dirigida a mí. Vivía de amores cuasi inventados, de amores de tarde que morían en la noche, y que al día siguiente no eran nada. Me enamoraba de cualquiera que me aguantara la conversación más de un minuto. Siempre pensaba, iluso de mí, que resultaría encantador. Con el tiempo fui aprendiendo que la cuestión de que me riese hablando con una chica, no significaba que ella volvería a casa pregonando mi nombre en cada esquina, en algunos de sus profundos silencios.

Digo que me reía yo, porque conmigo se reían poco. Hasta yo mismo me daba cuenta de mi sobreactuación.

Siempre he sido tan ilusionista que pensaba que mi amor surgiría de un sostén de miradas en un autobús, o como en las películas, de agacharme a la vez que ella para recoger la carpeta. Era un ilusionista con ilusiones, lo único que realmente era, porque aunque lo intentara, era un soñador sin sueños, un enamorado sin amor, y un vividor sin vida.

Pero aquella semana…aquella semana fue más real que todo lo que me había pasado antes. Volví a trasnochar, escondiéndome por la casa para que nadie se enterase que por la noche, recorría sus pasillos un ladrón, que mediante las palabras, soñaba con robarle el corazón a su distanciado amor. Por la calle volví a creerme un truhán, bailaba en mi mente cualquier cosa, y pensaba que mis bufonadas, las entendería el mundo alzándome al pedestal de señor.

Esa semana volví a sentir cosas que hacía mucho tiempo, mucho, que no sentía. La risa se me disparaba sola, era como si las mariposas del estómago se estuvieran riendo de mí por lo que sentía, y me dibujaban una sonrisa tonta, para que todos rieran conmigo. No era una risa cualquiera, era una risa de ilusión, de esas que duran casi medio segundo, de esas que no hacen risa, pero de esas que te dan el bastón de mando del planeta.

Por la calle mi paso era otro, e incluso creo, que las calles eran otras. Soñaba el momento de volver a emborracharme de ella, de enclaustrarme en el manicomio en el que ella convertía mi vida. Yo que libraba una batalla a favor de la cordura, terminé cambiándome de bando para aceptar que me había vuelto loco por ella.

¿Cuánto durará esto? Ni idea, tampoco me importa mucho, o sí, no se…además…todavía ni ha empezado.


Aquella semana volví, y durante unos días sentí, lo que durante muchos días no había sentido. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario