martes, 14 de enero de 2014

Ego Sum

Pongamos que hablo de mí:

Hoy lo necesito. Hoy necesito escribir, y lo haré sin más motivación que mi necesidad. Es de estos días que llegas a casa y no soportas que te dirijan una palabra. Estaré cansado supongo. No se…hay días en los que uno siente algo y no sabe muy bien qué es.
Hace ya un tiempo, una persona a la cual tengo gran cariño y que no mereció que la última vez que nos vimos me despidiera con un diario “Nos vemos”, me recomendó que comenzara a escribir un diario. Como siempre respondí lo mismo: “Me encantaría pero no puedo”. Por la razón que sea, por más que busco sentirme libre escribiendo, siempre hay algo que me hace no serlo. Será por motivos genéticos, pero la presión me influye demasiado. Además, por aquel tiempo, sinceramente, temía ver mi vida de frente, grabado en un papel. Al fin y al cabo, sentía algo parecido a miedo.
Ha pasado tiempo desde entonces, y aunque no sepa aún muy bien la razón de por qué dejé aquello, lo cierto es que lo dejé. Tampoco sé si deseo volver algún día o no.
Hablaba de hoy. Lo siento, pero cada día cuando vuelvo en bus y la oscuridad hace que no puede ver por dónde voy, miro a la ventana y pienso. Pienso demasiado. Todo el día. Creo que es más fallo que virtud esta otra manía de convertir el hecho de pensar en mi actividad más utilizada. En mi vida todo está demasiado medido. No me permito fallar, y esto es algo que sé que no es bueno. Cuántas veces me dijo aquello de que yo mismo me maltrataba. Lo intento, intento de veras cambiar estas cosas de mí, pero en esa misma psicosis de cambio, tengo miedo de cambiar en demasía y terminar en el otro extremo.
Solo yo me estoy enterando de esto. Hoy quizás sí estoy haciendo lo que me pidieron, escribir. Escribir para soltar lo que en mi cabeza explota y mi boca se calla siempre. Más de uno me ha dicho a veces, que por más que me conoce, más le sigo pareciendo extraño.
A lo que iba. Hoy he llegado a casa. Últimamente tengo la manía de aprovechar los ratos a solas, aunque eso me haga despertarme más tarde y tener menos tiempo para mis responsabilidades. Lo necesito. Necesito sentirme conmigo mismo, o quizás es al contrario, sentirme sin mí.
Soy un ilusionista. Siempre pienso que el futuro me depara lo mejor. Soy pesimista en el diario, pero optimista en el futuro. Todo creo que pasa por algo. Y siempre creo que la vida me debe una cosa buena. Seguramente esto no sirva más que para calmar mí sed de positividad, pero al menos me calma.
No pasan las cosas que quiero. Hay muchas cosas que me gustaría que fueran diferentes. Soy tan ilusionista que me creo que vivo en un mundo aparte. Que pienso cosas que nadie piensa. Y que me pasarán cosas que a nadie le pasará. Realmente, sé que esto no es así. Quizás me pasen cosas increíbles, pero nada que no le haya pasado antes a otra persona. Aunque puede parecerlo, e incluso a alguien se le escapara alguna vez, no estoy loco.
Simplemente escribo esto porque necesito decir algo, como siempre sin decir nada. Solo soltar palabras. Poner el enunciado abstracto de la realidad que solo existe en mi mente.
Amo todo, y nada. Soy un poco así. El más frío en situaciones ardientes, y el más pasional  en los icebergs diarios. Tuve momentos de creerme por encima del mundo, y otros de sentirme sin ni siquiera mundo. He vivido momentos increíbles, de esos que te acercan a las definiciones de lo que son los momentos increíbles. Soy un privilegiado, me lo repito todos los días. Aprendí que lo era. Me queda mucho por aprender, muchas veces que tocar los extremos por los que se mueve la vida. Pero si algo aprendí, es que si quieres, todo puede ser bueno. Hace tiempo me propuse ser mejor cada despertar. No se trata de ser mejor que los demás, sino de ser mejor que tú mismo.
Pasé momentos malos, los paso, aunque pocos. Y de todos ellos casi que ya me obligo a sacar un aprendizaje. De los buenos me cuesta más, estoy en ello. También me dijeron que debía disfrutar las cosas buenas. Me dijeron que celebrara hasta lo más mínimo que me produjese felicidad. Reconozco que me cuesta, pero que lo intento.
No pertenezco a esa parte de la población, cada vez más abundante, que presume de las cosas malas que le pasan. Cuelgan en una red social todos sus males para convertirse en mártires de nadie. Nadie en una red social hecha cuenta a nadie. Lo que te pase a ti, a ti te pasa. En la vida ocurre algo parecido, aunque no me permito caer en eso. No apoyo la individualidad. Tampoco soy de compartir todo. Hay momentos conjuntos, pero hay momentos de soledad. La soledad no tiene por qué ser mala. Hay momentos de soledad increíbles. Pero este mundo hace su propio diccionario de los términos. Yo, como soy rarito, tengo mi propio diccionario, o quizás no tenga ninguno.
Raro, sí, es una de las palabras que más utilizan los demás para describirme en muchas ocasiones. No me gusta, lo reconozco. No me hace sentir bien. Tampoco me crea un trauma. Simplemente pienso, soy yo. ¿Por qué tengo que ser raro? La gente llama raro a quién no hace las mismas cosas que los demás. Cada día tengo más claro que estoy en el camino. Tengo muchas cosas que mejorar y cambiar, pero no me avergüenzo de como soy. Si me llaman raro, pues perfecto, ellos serán muy guay.
No soy personal fácil. Como dije antes, soy de todo y de nada. Tengo de casi todo, y en la mayoría de momentos, no me muestro de casi nada. Soy muy maniático. No entiendo a la gente, aunque pueda envidiar algunas de estas cosas, que va por la vida sin pensar en las consecuencias de sus actos. Personas que no ven más allá de sus fines. Me cuesta entender algunas cosas. Y me siguen sorprendiendo otras.
Hoy me cerebelo me está dictando lo que más me gusta, escribir sin pensar. Es lo que busco con ello.
Hace no mucho tiempo, me pasó algo que creo que en el fondo me gusta. En el autobús comencé a hablar de convicciones propias. El tema era el amor. No escondo lo que dije. Comencé diciendo que lo más maravilloso que hay en el mundo es la mujer. Y que lo más importante de la vida es el amor. Por amor estoy escribiendo ahora mismo. Por amor existe quién creó este ordenador. Es decir, por amor existe la vida. Todo se mueve en torno a este sentimiento. Quiénes me oían decir esto, creo que se estaban riendo de mí. Ellos no se daban cuenta de que yo me estaba dando cuenta. Pero es que me daba igual. Me cuesta tanto hablar de mis cosas, que cuando me pongo en ello, hablo con tanto gusto que me daba igual que se rían de mí, como si escucharan a un loco.

Bueno, en definitiva. Hay tantas cosas que pudiera decir. Lo sé, he escrito mucho y no he dicho nada. Me sigo moviendo en esa disputa entre querer decirlo y no poder, o no querer. En resumen, que sigo descubriendo a diario como soy y como quiero ser. Y ese es mi fin, ser cada día cada momento lo que quiero ser. Además, tengo la gran fortuna (gracias a la persona que pienso que hizo que me diera cuenta) de que soy como quiero ser.

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