miércoles, 15 de enero de 2014

¿Dónde estás?

A la hora en la que la luz comienza a ser testigo de nuestros actos, me despierto como cada día, enredada entre unas sábanas que parecen querer tenerme de rehén unos minutos más. El agua marcando la línea del ecuador sobre el vaso es el único cómplice que queda de mi noche.
Mis ojos no se terminan de abrir, y mientras me pongo en pie, mi cabeza comienza a dar vueltas. Toca pensar qué ropa le extenderé en la cama para cuando se vaya a trabajar.
Te busco por la habitación, y sigo sin encontrarte como cada día, como cada instante. Desde hace un tiempo, realmente, no sé dónde te metes.
Me marcho a la cocina y mi banda sonora matutina comienza siendo las siete campanadas. En la calle, el sonido de los niños rompe la calma del alba. Van en busca de su pan de cada día, ese que se hace visible en una pizarra antigua. Durante la mañana grabarán su secreto de amor sobre la mesa, y esperarán la campana de las dos para decirle a su princesa: "Hasta mañana".
Yo sigo en la cocina, preparo el desayuno, y el templo de la palabra, la radio, hace las veces de calendario. Dispongo la mesa, lleno mi vaso, e igualmente lleno el tuyo. Hace días que no vienes, que no estás, pero sigo llenando tu copa, y sigo sirviendo tu comida.
Vuelvo a la habitación, y allí sigue tu ropa extendida como una línea serpenteada que simula la estructura de tu cuerpo. Pareciera que tu alma se ha esfumado.
Antes de salir a la calle, vuelvo a buscarte por la casa, y sigo sin encontrarte. De veras, que esto, no se le hace a una mujer…Para después, no dejo preparada ninguna comida. En tu recuerdo tengo mi alimento.
Temo a la calle. Allí todas murmuran. Mis pasos, mis actos,…parecen la exclusiva del día. Y aunque en silencio, sé que proclaman mis hazañas como si fuera un PaperBoy americano del siglo XIX. Prefiero no pararme a pensar.
Solo quiero llegar a casa de nuevo, y seguir buscándote. Hundo tu ropa en mi cara, y recuerdo las noches en las que una tuna hacía las veces de despertador. Los paseos por la orilla que ve al sol más libertario morir a los pies de la Caleta. Casi sesenta años encontrándote, y ahora parece que te has ido.
Por la tarde, plancho tu ropa, y en la cena hasta imagino que charlo contigo. Ya en la cama, noto como haces espacio para que quepamos. Mañana vuelves a trabajar, y prefiero también irme a dormir temprano.

Cuando la luna se esconde, nacerá otro día. Volveré a buscarte en casa. Después en la calle que murmuren. Al fin de cuentas no dicen ninguna mentira…te sigo queriendo como siempre, como las locas.

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